Etiquetas

, , , ,

La vida a veces es caprichosa. El capricho no es una actitud y tampoco se puede personificar. No es, sino el destino, el que planea nuestras horas sin consultarnos. Quizás sea este el que hoy te obsequie o te recompense. Pero no podemos vivir en constante conformismo porque, tal vez, quizás, sea el mismo destino el que mañana te arrebate todas tus ilusiones.Por eso no dejemos que la vida esté predeterminada por el azar; esta se va haciendo contigo, la construyes con tus ganas, la glorificas con tus actos, la cuidas con tus valores y, por encima de todo, la vives por ti. No debo disculparme al pensar que quizás sea una vividora empedernida a la que le inquieta el futuro de alguna manera. No me disculpo tampoco al afirmar que no soy ni seré nunca más o menos que nadie aunque en un mundo a veces tenue y negativo la ilusión se considera virtud. Aun sin conseguir las metas, los retos, los sueños… El riesgo de volver a saborear la derrota motiva y conduce a desafiar al destino. Es esa ansiedad previa a conocer el futuro la que hace que te sientas vivo. Si tu destino no incluye tus sueños será porque la realidad es tan inmensa que no se puede idealizar hasta que no la sientas debajo de tu piel, la huelas, la proyectes, le oigas susurrar o la degustes. Cada error conlleva un nuevo reto, pero lo más importante es aprender a convivir con uno mismo a pesar de los fallos y los aciertos para no titubear a la hora de arrebatarle al destino el control de algo que siempre a sido tuyo, tu futuro.

Anuncios