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El ser humano es por naturaleza complicado. Desde que nacemos nos empeñamos en vivir la angustia de ser complejos. De hecho, nacemos y pronto lloramos aunque nunca sabremos si por la felicidad de acabar una etapa y empezar otra nueva, o simplemente, por no tener la opción de elegir ya que la libertad de nacer no se cuestiona, está ahí, es aceptada y nadie le pone pegas. Poco a poco vamos abriéndonos a un mundo que ni siquiera elegimos, si no que el azar te ha impuesto por capricho o diversión. Y es que nadie se pregunta qué extraño fenómeno es este del azar, qué regla u orden lo guía… A veces me inquieta pensar que existe algo que decide echar a suertes los acontecimientos que formarán parte de una vida ya que no sabemos si el azar es, como tal, bueno o malo…

Ese mundo al que nos presentamos y que se presenta a nosotros, es el único que vamos a llegar a conocer en nuestra vida y nunca, por mucho que lo intentemos, llegaremos a entenderlo plenamente. Largos años van pasando y, con ellos, las experiencias adjuntas. Miles, millones de experiencias y vivencias, recuerdos que empiezan por “me acuerdo cuando…” y terminan por “…y al final…”. Comienzan a agotarse las primeras veces de todo y con ello, observas que tu vida se seguirá embrollando conforme vayas creciendo y no llamo crecer a cumplir años, llamo crecer a detenerse por un segundo y evadirse de todo el complejo cosmos que te rodea y que tiene bloqueados pensamientos, ideas, aportaciones… Llamo crecer a empezar a pensar por uno mismo. En ese instante en que te tambaleas entre la vida de todos o la tuya propia es cuando caes en la cuenta de que lo complejo es que piensen por ti porque al final nadie podrá jamás expresar tu vida como tú lo harías por ti mismo. Y abres los ojos, esos que han estado cerrados demasiado tiempo. Nunca un tiempo perdido, sólo un tiempo sabático. No hagas del tiempo un problema porque este siempre se podrá recuperar.

Un mundo sencillo se desliza bajo tus pies. Te aficionas a la crítica, no puedes evitar escupir continuamente palabras que definen lo que sientes, nadie controla lo que sale de ti. Esa libertad que has ido perdiendo durante ese camino que pareció, en ocasiones, hacerse pesado, se va recuperando.

Pero todo en esta vida tiene un precio, hasta la libertad. Y es por eso, que el hombre es complicado por naturaleza… Cuando descubrimos que podemos ser puramente simples nos damos cuenta de que el proceso por el que hemos jugado a ser sencillos no existiría sin los problemas de una sociedad tan enrevesada como la nuestra.

Desde que nacemos nos implicamos e involucramos en una causa que está por definición indefinida. Sin embargo, estamos hechos de cientos de problemas, miles de dificultades, millones de obstáculos que hacen que la vida sea un reto diario. Una vida fácil no es más que una causa perdida.

“Lo verdadero es demasiado sencillo, pero siempre se llega a ello por lo más complicado” George Sand.

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