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Vamos a jugar a un juego. A todo el mundo le gusta jugar, le encanta sentirse dentro de algo que puede ser emocionante, inesperado, sorprendente, retante… No es un juego demasiado difícil ni demasiado fácil pero requiere de elevada concentración. Como todo juego también tiene sus reglas porque qué es la gente sin normas que seguir, cómo osaríamos jugar sin reglas, sin ellas nadie ganaría o perdería. Pongamos tres reglas; primera regla, pensar, segunda regla, meditar, tercera regla, realizar. No es un juego complicado pero sí algo peculiar y ahora cada uno debe descubrir qué sensaciones le provoca. Vamos a jugar a creer en algo, las reglas están escritas y no hay mejor material que nosotros mismos.

Comencemos pensando. Es complejo centrar tus pensamientos porque nuestra mente nos satura de contenidos sin obviar ni un segundo. Partamos de un ejemplo, yo misma. Quiero que lo primero que se venga a la cabeza sea a partir de lo cual gire el propio juego. Yo esta noche tengo una obsesión, las tazas. Puede resultar cómico, desequilibrado o irreflexivo pero ya no hay vuelta atrás. Ahora me toca creer en las tazas. En la primera etapa del juego, necesito focalizar mi atención en ese objeto, debo centrar toda mi energía en él, tengo que pensar en todos los tamaños, formas y colores posibles que me puedo encontrar y entonces, elegir uno específico de cada elemento. Ahora visualizo una taza mediana, que se ensancha de abajo hacia arriba, el color es blanco y tiene impresas algunas letras que conforman una frase, “bébete la vida”.

Medita. Ahora recapacita e intenta sacar de ella todos los aspectos negativos y positivos. Puede que sea demasiado pequeña para lo que yo la necesito o demasiado grande, el color no es del todo llamativo y la frase está muy vista, o es original, me gusta, quiero beber de ella… Es necesario sacarle un uso, no sé… Yo la quiero para tomar café o una coca cola porque me gustan más las coca colas en taza. El uso es el que tú le des, por muy disparatado que suene.

Realiza la acción. ¿Quieres beber? Pues bebe, ¿quieres adornar la cocina? Adórnala, ¿quieres romperla y desahogarte? Rómpela.

Yo creo en una taza porque mi mente se ha educado para enseñarme que es eso lo que quiero, ha detenido el tiempo para recrearme en la idea que en mí se iba formando y finalmente, ha puesto en marcha todo lo que quiero conseguir con ello. Yo creo en una taza, simple, idea elocuente o quizás imprudente, pero alomejor tú crees en ideas innovadoras, en nuevas formas de mirar la vida, de hacer las cosas, de salir de agujeros negros consumistas… Tus pensamientos puede llegar lejos y mostrarnos rutas completamente nuevas o pueden ser más pequeños y que afecten a tu entorno o incluso a ti mismo. Puede que lleves jugando más tiempo del que crees y es que para creer en algo no hacen falta reglas, no juegan las inseguridades, los miedos, el rechazo, el ridículo… El dueño de tu propio juego eres tú, no existen trucos que te ayuden a ganar solo existe la voluntad de hacer algo para conseguir tu objetivo. En un mundo en el que las ideas se persiguen, los pensamientos son mal vistos y las intenciones son mero trámite, papeleo, hacen falta acciones. Si crees en que algo puede llegar a ser no temas en pensar lo que puede ser, en modelar lo que es y en convertirlo en lo que tiene que ser. Hay cosas en la vida que no se pueden echar a suertes, que no siguen normas y que, en definitiva, no se pueden convertir en juego. No juegues con algo tan tuyo como tu verdad, pero sobre todo, no dejes que otros te obligen a creer. Cree por ti mismo y crea por lo que pueda llegar a significar para los demás.

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