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Estamos rodeados de gente que mira impasible como la vida pasa sin ni siquiera tocarla para saber que tacto tiene. Gente que pierde esperanzas y ganas de cumplir sueños. Las sensaciones se costean en el mercado de valores y sentir quedó en el olvido como muchas otras cosas. Gente que va y que viene sin aportar absolutamente nada. La palabra de moda es la excusa y todos se han hecho maestros de la misma. Ya no se sabe quien dice la verdad y aún más duro es no saber quien dice la mentira. Un mundo opaco y gris, donde la inteligencia brilla por su ausencia y donde la ausencia del miedo no es la valentía. Cobardes que se esconden donde mejor pueden para pasar desapercibidos.

Entonces se llega a un fondo, profundidades inimaginables por las cuales ya sólo queda subir. Y así nacen las inquietudes que emergen insensatas de la oscuridad. Se hacen hueco en las avenidas más grandes y se hacen eco en las mentes de todos aquellos que siguen teniendo algo que en su día fue la esencia de todo lo que hoy conocemos, la idea. Inquieta la vida que, aunque somnolienta, comienza a despertar entre bostezos. Los que aún no se acostumbraron a perder le siguen echando faroles a la incertidumbre y deciden ganarle el juego en la próxima ronda. Y las inquietudes derivan en quehaceres improbables pero posibles y los que no se conformaron con la ambigüedad, comienzan a actuar bajito. Poco a poco se vuelven a ver luces que hacía tiempo se encontraban apagadas por aquellos que protegían velas eternas. Hay cosas que hay que dejar que sigan su curso como la cera de una vela, dura lo que tiene que durar porque el sentido de su vida es apagarse en el momento adecuado, el problema de muchos es evitar que las cosas se acaben y no dejar que el futuro les roce porque así siguen viviendo de lo que conocen.

Es el miedo a lo desconocido lo que nos ata a la vagueza, lo que nos provoca terror a los nuevos acontecimientos y lo que nos determina la forma de pensar. No es un pensamiento para muchos sino muchos pensamientos para uno mismo. La vida, al fin y al cabo, es eso, enfrentarse a nuevos comienzos cada día y no a finales cada noche. Que los valores no predeterminen las acciones, si no que el hacer por motivos se convierta en el único principio capaz de levantarte la cabeza.

niñaInquietud de un niño, por Jordi Morella

Una gran filosofía no es la que instala la verdad definitiva, es la que produce una inquietud. (Charles Péguy)

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