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Se dice de un loco que es aquel que ha perdido la razón, que tiene poco juicio o se comporta de forma imprudente, que experimenta un sentimiento de una forma muy intensa, que desea intensamente hacer una cosa o que esta ocurra, muy grande, que sobresale mucho o es extraordinario o excesivo e incluso, se aplica a la brújula cuando deja de señalar el norte.

Locos verdaderos hay pocos. Falsos locos nacen sin tregua. Porque tengo suerte, y hoy en día se considera mucha, de ir al norte y rodearme de locos. Dejar aparcadas por instantes mis raíces para intentar comprender el por qué de las raíces de otros. Intentar entender en qué se diferencian de las mías, por qué lo mío es menos o por qué lo de otros es más.

Y me topo con personas pero la única distancia que nos separa de ser tan semejantes está en el lugar donde se guardan los momentos. Esos que al parecer han quedado olvidados para muchos. Esos que algún día unieron fronteras y destruyeron barreras pero que hoy hacen que tú y que yo nos saludemos fríamente. Y me llego a cuestionar si en el amor y en la guerra todo vale.

Un artista enamorado es aquel que por su pasión es capaz de rozar límites en los que las líneas desaparecen. El amor lo vuelve loco. Pero loco por su verdad es capaz de luchar contra cualquier obstáculo que se interponga en su andadura, es capaz de perder razones irrazonables y de cometer imprudencias a cada instante. El juicio también es cosa de estos locos que sin aviso declaran la guerra a la vida. Es cosa de toreros ser extraordinarios.

Y de los ordinarios ni hablar si quiera merecen. Aquellos que sin saber juzgan, atentan contra los sentimientos de la bravura, los que derrocharon tiempo corriendo sin pararse en los detalles, también los que aunque la brújula deje de indicar el norte, siguen viendo la misma dirección. Esos son los que como ordinarios y vulgares, meras marionetas de dictadores, se creyeron capacitados para dar lecciones de libertad. Esos que se guían por masas, por modas, por multitudes, pretenden ser héroes. Héroes que declaran guerras en las que se derrama sangre de privilegiados. Son ellos los que con el lema de diferentes por bandera, su bandera, pretenden combatir.

Si haces del amor tu vida entonces lucha por tu concepto, por tu realidad y tu ficción. Por remover tu alma y ser capaz de eclipsar respiraciones. Lucha porque naciste torero, porque amas al toro, porque tu vida es ser peregrino, nómada, porque tu vida es donde viva tu compañero, porque para ti las luces cobran más de un sentido, porque tienes mil formas de nombrar colores, porque tú eres espada, capote y muleta. Lucha porque la libertad la merece aquel que por naturaleza la siente no aquel que se mueve por intereses. Pero no ceses en tu lucha, no dejes que aquellos que te han hecho Dios, porque sólo él es dueño de la muerte, coarten  tus locuras, no permitas que este mundo esté condicionado por banderas, colores o ideologías mediocres. Enaltece las plazas que cerraron y que suplen su pena entre circos y arenas desgastadas, enorgullece a todos aquellos que por esas tierras pasaron delegando historia. Y si estar loco es ser un torero catalán, conozco a muchos que querrían llamarse lunáticos. No consiste en ganar batallas cuyo fin es inexistente, se trata de declarar la paz a los sentimientos de un hombre. Se trata de dejar que siga su curso algo que debería estar impuesto por derecho. Se trata de ser un torero libre en una tierra que confunde ser un loco con querer ser tú mismo. Yo no creo en fronteras ni en distinciones entre semejantes, no creo en lugares que no sean plazas, creo en en este mundo como un todo que no responde a patrones, creo en la libertad de expresión y no creo en los que prohíben por envidia. Y creo que por creer me llamarán insensata, pero más vale que lo digan sin pruebas que serlo y demostrarlo.

Fdo: Laura Folgado

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