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Siempre hablo de la vida como fiel seguidora y compañera de nuestros pasos y lo es. Pero como todo en este mundo, a veces irreal a mi modo de entender aunque ese ya es otro tema, tiene su lado malo. El diablo se viste de instantes para arruinar las cotidianas vidas de los personajes de a pie, los mortales. Insignificantes que construyen habitaciones con paredes, los mismos que se interponen barreras constantemente. La vida pejiguera enloquece pensando en cómo complicarnos la existencia y eufórica llama a nuestra puerta cuando encuentra un buen motivo para entrar y robarnos los momentos. Es entonces, cuando la teoría entra en juego, la que según sus líneas, entrelíneas y pies de página nos empuja a envalentonarnos como fieles luchadores de causas inconcretas, pero causas, al fin y al cabo. Las causas llaman a la multitud pero más intensa es la llamada de las consecuencias. La valentía y la adrenalina renacen de tus entrañas y según lo que cuentan las leyendas yacerá en ti el poder de elegir tu destino.
Todo esto suena realmente bien cuando las cosas le pasan a otros. Los demás que luchen por mi causa que yo me encargaré expectante de que se sientan reconfortados. Participo de lejos. Sí… porque la teoría está muy bien cuando la incertudimbre se confunde de calle o de dirección pero no imparte amiguismos cuando encuentra tu casa,  invade tu territorio, toca tus cosas y remueve aquello que escondías debajo de baldosas que tiemblan al pisar el suelo…
Abres, por cortesía. Por respeto. Pero la responsabilidad se hace inminente al tocar ese pomo, al permitir esta astral intrusión, esta grandísima injusticia. No puedes ser tú pero lo eres. La vida te ha elegido para ponerte a prueba y sólo ella te dará su veredicto cuando te haya destrozado, aniquilado, humillado y pisado las veces que considere oportunas. Si sobrevives, tu mundo se vuelve completamente distinto y vuelves a nacer de nuevo.
La valentía se encarece y huye de mis limitaciones económicas. La valentía cuesta oro. Aunque pagué en su día por la teoría nadie te enseña a vivir porque nadie sabe hacerlo. Naces y nadie te pregunta si quieres hacerlo pero lo haces y, a partir de ahí, lo demás no es vida es supervivencia.

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