Las prisas. La débil atención a los instantes importantes. El tiempo desmedido y desperdiciado. La oscuridad hecha kilómetros. Factores que impiden inconscientes que entiendas mi pesar.
Estos días parecen ajetreados y descontrolados. Como si las cosas no fueran ni conmigo ni contigo. A veces, llega a desaparecer el pensamiento que  recuerda que no estás aquí. Pero sólo por un instante, porque sin cita previa reaparece y causa dolor. Al menos, a mí. El no tenerte aquí me abruma. Ese no besarte me sabe a frío. Y, sin embargo, cada día que pasa, cada situación y cada sentimiento hacen que llegue a una conclusión…
Necesito agarrarme a tu piel, despertar rozando mis piernas inquietas con tus piernas quietas, abrir los ojos entre sueños y buscarte en la oscuridad sin descansar hasta encontrar tu cabello dormido en mi almohada. Necesito vivir, pero no hacerlo si no es contigo. Emocionarme al ver tu cara simpática subiendo las escaleras y perderme en tu abrazo fuerte, ese que sólo sabes darme tú. Por esto, y mucho más, cada día que pasa tengo más claro que el resto de mi vida sólo tiene sentido si lo comparto contigo y si tú quieres compartir tu resto y tu más también conmigo.
Ten en cuenta cada mañana que  despiertes que existe una mujer que te espera en cada lugar y en cada pensamiento al que viajes. Ten fe en esto tan bonito que estamos construyendo porque Dios no baja el cielo a la tierra por cualquiera. Tú y yo somos sus mayores consentidos. Firmado: la otra incondicional parte de tu maravillosa alma.

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