“¿El mundo se va a acabar?” ” –Sí, estoy convencido de ello. El fin no puede tardar en llegar porque, si analizamos bien las cosas, ya se ha descubierto todo lo que había que descubrirse. Ya el hombre ha inventado todo lo que podía inventar. Eso es señal de que el mundo llega a su fin”, vaticinaba Charles.H.Duell allá por el siglo diecinueve. Resulta casi irónico que el propio comisario de la Oficina de Patentes de los EEUU augurara el fin de la humanidad y, en consecuencia, pidiera el cierre total de la oficina. Pero más irónico le parecería a Duell que dos siglos después,su frase perteneciera a la base de datos de Google.
Con la llegada de la digitalización parece que el ingenio se agudiza y no cesan de aparecer inventos innecesarios, al menos,hasta que los inventan. Pero sin duda uno de los mejores hallazgos habidos y por haber es Twitter. El pajarito azul domina la vida de todos y cada uno de los allegados a Internet. Jamás nadie se había interesado en saber qué pasaba por la cabeza de un conocido cualquiera a las ocho de la mañana. Y, quizá ahora tampoco, pero es bueno saberlo, ¿no?. De hecho, da la casualidad que @ceade se levanta cansado; “Buenos días! Qué cansado estoy!”. ¡Vaya!, casualmente yo también, rt. Y así fue durante sus primeros años de vida. Todo lo cotidiano se trasladaba a una red social poco segura y desconocida, incluso aquel enemigo de las redes sociales se hacía con uno. Al final, la estrategia cumplía su objetivo: todos cazados por la red.
Sin embargo, los medios de comunicación lo vieron claro. ¡Esta es la mía!, dijeron al unísono. Una nueva herramienta para el periodismo nacía y, encima, totalmente gratuita, teniendo en cuenta la inminente situación de crisis que sufren las empresas informativas. Los principales gigantes de la comunicación se hacían con el poder de Twitter para publicar la última hora de las noticias. Hasta ahí todo bien. El problema aparece cuando el medio, periodísticamente hablando, no es el fin para la audiencia. El perfil del consumidor ha cambiado, estos ya no esperan a comprar un periódico y buscar las noticias del día (ya obsoletas y poco actualizadas por su periodicidad), o a encender la televisión y la radio y buscar canales y emisoras que les proporcionen la agenda del día. El usuario no consume sino que produce. La noticia corre a cargo de aquel que tuitea, de aquel que publica el enlace o la foto.
Todo parece indicar que los medios de comunicación han perdido la batalla contra Twitter. Se trata de consecuencias que, probablemente, estén provocadas por la necesidad de participar y sentirse parte de la noticia, no sólo los tuiteros, sino toda la audiencia que ha estado sin voz mucho tiempo. Sin embargo, la evolución de esta red social cada día está más corrompida por la misma voz que ha gritado alto. El insulto, la falta de respeto, el agravio y los comentarios ofensivos están a la orden del día en un espacio en el que parece imposible publicar más que una frase. La infoxicación es el problema principal que ocupa una de sus desventajas. Esta sobrecarga de información colapsa a diario los dispositivos con ‘trending topics’ o ‘tendencias’ faltas de argumentos o comunicación de alguna manera productiva.
Los últimos ejemplos provienen del reciente asesinato de la presidenta del PP de León, Isabel Carrasco, del que muchos perfiles anónimos han participado a través de sus Twitters con comentarios a favor del delito. Por otro lado, justo ayer, 2 de junio, abdicaba el Rey Don Juan Carlos I de la corona de España cediéndosela a su hijo el Príncipe de Asturias, Felipe. Las redes sociales ardían en comentarios antimonárquicos y publicaban fotos y vídeos fuera de lugar. Toda una avalancha de ciudadanos atacándose entre sí. Una batalla campal a través de la red.
La respuesta y la solución ha de estar en los medios de comunicación. Estos deben hacerse con el control de las redes sociales, en este caso Twitter, y educar a una población que,a falta de leer y documentarse,sólo expone comentarios faltos de trasfondo. Una realidad que incrementa, quizá,por la crisis, por la desesperación de muchos por no encontrar una alternativa a políticas corruptas o escándalos económicos. Por ello, se deduce que algo está fallando y que el encargo más importante de los medios, el de educar, es una realidad disfrazada por el momento.
Aún queda mucho por inventar pero, sobre todo, queda mucho por aprender. ¿La prioridad? El respeto. ¿El objetivo? La información.
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