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Buenas noches compañeros de momentos,

Esta noche precisamente quería abrir la veda de una de las cuestiones más comentadas directa o indirectamente. Como siempre, os traigo la máxima actualidad y dentro de ella esta pequeña sección que creo sin duda esencial para comprender el panorama del día a día español.

El tema: los jóvenes españoles. Este sector de la población, a veces mal valorado y otras, simplemente, perfectas excusas de decepción por un país que al parecer no ha educado como es debido. Sin embargo, son ellos, somos nosotros, los que por nuestras propias vías decidimos dar pasos de gigantes. Esa sonada “fuga de cerebros” que va y que viene. Que se va porque no le queda más remedio que continuar sus estudios, que seguir formándose, que aprender idiomas… Pero que vuelve o que siempre quiere volver.

Sin embargo, sin pretensiones de heroicidad, llegamos a valorar incluso más el esfuerzo porque estamos siendo consciente de lo que cuesta conseguir pasar de la vida de becario-mal-pagado o becario-NO-pagado-en-absoluto a emprender. Sí, esa palabra que suena tan enorme. Cada vez más, los jóvenes invierten en sus ideas. A pesar de la poca experiencia, a pesar de las advertencias de mayores y sabios a los que escuchamos, a pesar del miedo a convertir tus ideas en un proyecto que no resulte rentable… A pesar de muchos ‘a pesar’ esta es la sociedad de los valientes.

Y existen muchos valientes. Aquellos que surgieron por casualidad y que no sabían si quiera de su valentía, el famoso Mark Zuckerberg (creador de la plataforma virtual Facebook) y aquellos otros que sacaron las agallas suficientes para desafiar un mercado repleto de monopolios y oligopolios imposibles de penetrar donde las marcas apenas dejan espacio para respirar.

Pero hoy quiero acercaros a la realidad más inmediata, al menos para mí. Quiero que comprendáis que no todos esos emprendedores son famosos y ganan millones. Son gente normal, como tú y como yo, que aman lo que hacen y que por ello han apostado muy fuerte llevándose mil y una decepciones pero mil y dos alegrías gracias al esfuerzo, al durísimo esfuerzo. Ayer tuve la oportunidad de acudir a un evento repleto de emprendedores jóvenes, repleto de ideas innovadoras que nada tienen que envidiar a grandes marcas. Y me siento muy orgullosa de poder decir que de todos aquellos emprendedores una, en concreto, me emocionó ayer. Una a la que he visto crecer. LAMÁGORA. Y os preguntaréis algunos, ¿Qué es Lamágora? ¿Quién es Lamágora? Y solo puedo decir lo que lo define: diseño y creación de complementos para ti y solo para ti. Aunque, si me lo permitís, quiero proponer algún que otro matiz.

Lamágora es pasión, mucha pasión. Es un momento (#lamagoreando), es entrega y alma en cada pieza. Es originalidad y estilo. Es exactamente lo que necesitas porque la poción mágica es la sinceridad y la verdad. Es humildad y sencillez. Es una lucha constante por sorprender y nunca decepcionar. A veces, es magia. Y todos estos componentes hacen que se creen momentos como los de ayer. No sé si fue la noche, si fue la ciudad (Madrid), si fue el ambiente y el entorno, si fue el gin-tonic… De lo único que estoy segura es que todo lo anterior hace que Lamágora cree momentos tan mágicos como los que tuve el placer de presenciar ayer.

Enhorabuena al ejemplo a seguir, al esfuerzo, a la pasión y a la lealtad y fidelidad a uno mismo. Enhorabuena María Lama de Góngora. Y, sobre todo, mucha suerte porque cada día todos somos un poquito más Lamágora.

En cuanto disponga de las fotos del desfile os reecrearé el momento-magia de anoche. De momento, aquí tenéis mucho de Lamágora:

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